Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes —TÃo, éste es el paso más angosto que en el arroyo hay.
—Como llovÃa recio y el triste se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua, que encima nos caÃa, y, lo más principal, porque Dios le cegó aquella hora el entendimiento (fue por darme dél venganza), creyóse de mà y dijo:
—Ponme bien derecho y salta tú el arroyo.
Yo le puse bien derecho enfrente del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste, como quien espera tope de toro, y dÃjele:
—¡Sús! Saltá todo lo que podáis, porque deis deste cabo del agua.
Aun apenas lo habÃa acabado de decir, cuando se abalanza el pobre ciego como cabrón, y de toda su fuerza arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto, y da con la cabeza en el poste, que sonó tan recio como si diera con una gran calabaza, y cayó luego para atrás, medio muerto y hendida la cabeza.
—¿Cómo, y olistes la longaniza y no el poste? ¡Olé! ¡Olé! —le dije yo.
Y déjole en poder de mucha gente que lo habÃa ido a socorrer, y tomo la puerta de la villa en los pies de un trote, y, antes que la noche viniese, di comigo en Torrijos. No supe más lo que Dios dél hizo, ni curé de lo saber.