Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes Después que estuvo un gran rato echando la cuenta, por dÃas y dedos contando, dijo:
—Si no tuviera a tan buen recaudo esta arca, yo dijera que me habÃan tomado della panes; pero de hoy más, sólo por cerrar puerta a la sospecha, quiero tener buena cuenta con ellos: nueve quedan y un pedazo.
«¡Nuevas malas te dé Dios!», dije yo entre mÃ.
Parecióme con lo que dijo pasarme el corazón con saeta de montero, y comenzóme el estómago a escarbar de hambre, viéndose puesto en la dieta pasada. Fue fuera de casa. Yo, por consolarme, abro el arca, y como vi el pan, comencélo de adorar, no osando recebillo. Contélos, si a dicha el lacerado se errara, y hallé su cuenta más verdadera que yo quisiera. Lo más que yo pude hacer fue dar en ellos mil besos, y, lo más delicado que yo pude, del partido partà un poco al pelo que él estaba, y con aquél pasé aquel dÃa, no tan alegre como el pasado.