Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes De lo que sucedió en aquellos tres días siguientes ninguna fe daré, porque los tuve en el vientre de la ballena; más de cómo esto que he contado oí, después que en mí torné, decir a mi amo, el cual, a cuantos allí venían, lo contaba por extenso.
A cabo de tres días, yo torné en mi sentido, y vime echado en mis pajas, la cabeza toda emplastada y llena de aceites y ungüentos, y, espantado, dije:
—¿Qué es esto?
Respondióme el cruel sacerdote:
—A fe que los ratones y culebras que me destruían ya los he cazado.
Y miré por mí, y vime tan maltratado que luego sospeché mi mal.
A esta hora entró una vieja que ensalmaba, y los vecinos; y comiénzanme a quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo. Y, como me hallaron vuelto en mi sentido, holgáronse mucho y dijeron:
—Pues ha tornado en su acuerdo, placerá a Dios no será nada.
Ahí tornaron de nuevo a contar mis cuitas y a reírlas, y yo, pecador, a llorarlas. Con todo esto, diéronme de comer, que estaba transido de hambre, y apenas me pudieron demediar. Y ansí, de poco en poco, a los quince días me levanté y estuve sin peligro (mas no sin hambre) y medio sano.