Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y puesta en el poyo, y él paseándose por el patio. Como entré, vÃnose para mÃ. Pensé que me querÃa reñir la tardanza, mas mejor lo hizo Dios. Preguntóme dó venÃa. Yo le dije:
—Señor, hasta que dio las dos estuve aquÃ, y de que vi que Vuestra Merced no venÃa, fuime por esa ciudad a encomendarme a las buenas gentes, y hanme dado esto que veis.
Mostréle el pan y las tripas, que en un cabo de la halda traÃa, a la cual él mostró buen semblante, y dijo:
—Pues esperado te he a comer, y de que vi que no veniste, comÃ. Mas tú haces como hombre de bien en eso, que más vale pedillo por Dios que no hurtallo. Y ansà Él me ayude como ello me paresce bien, y solamente te encomiendo no sepan que vives comigo, por lo que toca a mi honra; aunque bien creo que será secreto, según lo poco que en este pueblo soy conoscido. ¡Nunca a él yo hubiera de venir!
—Deso pierda, señor, cuidado —le dije yo—, que maldito aquel que ninguno tiene de pedirme esa cuenta, ni yo de dalla.