Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes Con todo, parescióme ayudarle, pues se ayudaba y me abrÃa camino para ello, y dÃjele:
—Señor, el buen aparejo hace buen artÃfice: este pan está sabrosÃsimo, y esta uña de vaca tan bien cocida y sazonada, que no habrá a quien no convide con su sabor.
—¿Uña de vaca es?
—SÃ, señor.
—DÃgote que es el mejor bocado del mundo, y que no hay faisán que ansà me sepa.
—Pues pruebe, señor, y verá qué tal está.
Póngole en las uñas la otra y tres o cuatro raciones de pan de lo más blanco; y asentóseme al lado y comienza a comer como aquel que lo habÃa gana, royendo cada huesecillo de aquéllos mejor que un galgo suyo lo hiciera.
—Con almodrote —decÃa— es éste singular manjar.
«Con mejor salsa lo comes tú», respondà yo paso.
—Por Dios, que me ha sabido como si no hubiera hoy comido bocado.
«¡Ansà me vengan los buenos años como es ello!», dije yo entre mÃ.