Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes Dios es testigo que hoy dÃa, cuando topo con alguno de su hábito con aquel paso y pompa, le he lástima con pensar si padece lo que aquél le vi sufrir. Al cual, con toda su pobreza, holgarÃa de servir más que a los otros, por lo que he dicho. Sólo tenÃa dél un poco de descontento: que quisiera yo que no tuviera tanta presunción, mas que abajara un poco su fantasÃa con lo mucho que subÃa su necesidad. Mas, según me parece, es regla ya entre ellos usada y guardada: aunque no haya cornado de trueco, ha de andar el birrete en su lugar. El Señor lo remedie, que ya con este mal han de morir.
Pues, estando yo en tal estado, pasando la vida que digo, quiso mi mala fortuna, que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella trabajada y vergonzosa vivienda no durase. Y fue, como el año en esta tierra fuese estéril de pan acordaron el Ayuntamiento que todos los pobres estranjeros se fuesen de la ciudad, con pregón que el que de allà adelante topasen fuese punido con azotes. Y asÃ, ejecutando la ley, desde a cuatro dÃas que el pregón se dio, vi llevar una procesión de pobres azotando por las Cuatro Calles; lo cual me puso tan gran espanto, que nunca osé desmandarme a demandar.