Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes —Marido y señor mÃo, ¿adónde os me llevan? ¡A la casa triste y desdichada, a la casa lóbrega y obscura, a la casa donde nunca comen ni beben!
Yo, que aquello oÃ, juntóseme el cielo con la tierra, y dije: «¡Oh, desdichado de mÃ, para mi casa llevan este muerto!».
Dejo el camino que llevaba y hendà por medio de la gente, y vuelvo por la calle abajo, a todo el más correr que pude, para mi casa; y, entrado en ella, cierro a grande prisa, invocando el auxilio y favor de mi amo, abrazándome dél, que me venga ayudar y a defender la entrada. El cual, algo alterado, pensando que fuese otra cosa, me dijo:
—¿Qué es eso, mozo? ¿Qué voces das? ¿Qué has? ¿Por qué cierras la puerta con tal furia?
—¿Oh, señor —dije yo—, acuda aquÃ, que nos traen acá un muerto!
—¿Cómo as� —respondió él.
—Aquà arriba lo encontré, y venÃa diciendo su mujer: «Marido y señor mÃo, ¿adónde os llevan? ¡A la casa lóbrega y obscura, a la casa triste y desdichada, a la casa donde nunca comen ni beben!». Acá, señor, nos le traen.