Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes —Hermanos mÃos, tomad, tomad de las gracias que Dios os envÃa hasta vuestras casas, y no os duela, pues es obra tan pÃa la redempción de los captivos cristianos que están en tierra de moros, porque no renieguen nuestra sancta fe y vayan a las penas del infierno, siquiera ayudaldes con vuestra limosna y con cinco PaterNostres y cinco AvemarÃas, para que salgan de cautiverio. Y aun también aprovechan para los padres y hermanos y deudos que tenéis en el Purgatorio, como lo veréis en esta sancta bula adorar la cruz. Y ansà vinieron los alcaldes los primeros y los más ancianos del lugar, viniendo uno a uno, como se usa.
Y el primero que llegó, que era un alcalde viejo, aunque él le dio a besar la cruz bien delicadamente, se abrasó los rostros y se quitó presto afuera. Lo cual visto por mi amo, le dijo:
—¡Paso quedo, señor alcalde! ¡Milagro!
Y ansà hicieron otros siete o ocho. Y a todos les decÃa:
—¡Paso, señores! ¡Milagro!