Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes —Lázaro de Tormes, quien ha de mirar a dichos de malas lenguas nunca medrará. Digo esto porque no me maravillarÃa alguno; viendo entrar en mi casa a tu mujer y salir della. Ella entra muy a tu honra y suya; y esto te lo prometo. Por tanto, no mires a lo que pueden decir, sino a lo que te toca: digo, a tu provecho.
—Señor —le dije—, yo determiné de arrimarme a los buenos. Verdad es que algunos de mis amigos me han dicho algo deso, y aun por más de tres veces me han certificado que antes que comigo casase habÃa parido tres veces, hablando con reverencia de Vuestra Merced, porque está ella delante.
Entonces mi mujer echó juramentos sobre sÃ, que yo pensé la casa se hundiera con nosotros; y después tomóse a llorar y a echar maldiciones sobre quien comigo la habÃa casado; en tal manera, que quisiera ser muerto antes que se me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Mas yo de un cabo y mi señor de otro, tanto le dijimos y otorgamos, que cesó su llanto, con juramento que le hice de nunca más en mi vida mentalle nada de aquello, y que yo holgaba y habÃa por bien de que ella entrase y saliese, de noche y de dÃa, pues estaba bien seguro de su bondad. Y asà quedamos todos tres bien conformes.
Hasta el dÃa de hoy, nunca nadie nos oyó sobre el caso; antes, cuando alguno siento que quiere decir algo della, le atajo y le digo: