Lazarillo de Tormes
Lazarillo de Tormes Y ansÃ, nos partimos alegres con el buen trueque y con haber negociado bien en todo. No vio nadie lo susodicho, sino yo, porque me subà a par del altar para ver si habÃa quedado algo en las ampollas, para ponello en cobro, como otras veces yo lo tenÃa de costumbre; y, como allà me vio, púsose el dedo en la boca, haciéndome señal que callase. Yo ansà lo hice, porque me cumplÃa, aunque, después que vi el milagro, no cabÃa en mà por echallo fuera, sino que el temor de mà astuto amo no me lo dejaba comunicar con nadie; ni nunca de mà salió, porque me tomó juramento que no descubriese el milagro, y ansà lo hice hasta agora, dije entre mÃ: «¡Cuántas déstas deben de hacer estos burladores entre la inocente gente!».
Finalmente, estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro meses, en los cuales pasé también hartas fatigas[444].