Lazarillo de Tormes

Lazarillo de Tormes

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Entonces mi mujer echó juramentos sobre sí, que yo pensé la casa se hundiera con nosotros; y después tomóse a[471] llorar y a echar maldiciones sobre quien comigo la había casado; en tal manera, que quisiera ser muerto antes que se me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Mas yo de un cabo y mi señor de otro, tanto le dijimos y otorgamos, que cesó su llanto, con juramento que le hice de nunca más en mi vida mentalle nada de aquello, y que yo holgaba y había por bien de que ella entrase y saliese, de noche y de día, pues estaba bien seguro de su bondad. Y así quedamos todos tres bien conformes.

Hasta el día de hoy, nunca nadie nos oyó sobre el caso[472]; antes, cuando alguno siento que quiere decir algo della, le atajo y le digo:

—Mirá, si sois mi amigo, no me digáis cosa con que me pese[473], que no tengo por mi amigo al que me hace pesar; mayormente, si me quieren meter mal[474] con mi mujer, que es la cosa del mundo que yo más quiero y la amo más que a mí; y me hace Dios con ella mil mercedes y más bien que yo merezco; que yo juraré sobre la hostia consagrada que es tan buena mujer como vive dentro de las puertas de Toledo[475]; y quien otra cosa me dijere, yo me mataré con él.

Desta manera no me dicen nada, y yo tengo paz en mi casa.


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