Ollantay

Ollantay

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El cuadro cambia nuevamente (IX), se ve a Rumi Ñahui fingiéndose herido, y se presenta ante un indio para pedirle lo lleve ante Ollanta. Al llegar frente a Ollanta (X), éste lo recibe afablemente entre los suyos. Rumi Ñahui está ahora en posición de traicionar a quien le ha dado asilo durante las celebraciones que van a comenzar. Termina así la jornada segunda que, repito, aparece proyectada al futuro en todas las líneas de su desarrollo. El nudo debe desatarse en la jornada siguiente.

En la jornada tercera se resuelven todas las líneas de la acción trazadas desde la primera. Después de un breve diálogo de Ima Súmac y Pitu Saya (I), mediante una anagnórisis, es decir, una escena de reconocimiento, en que Ima Súmac, presentada brevemente con habilidad en la jornada anterior, se encuentra con su madre Cusi Coyllur presa y encadenada por un lapso de diez años (III). Aunque se trata de un suceso un poco fantástico y melodramático, recordemos que provenía de la novela llamada bizantina que tanta difusión tuvo durante el Renacimiento. Puede encontrarse en múltiples obras dramáticas de la época y me parece que la prisión de Segismundo en La vida es sueño no le es ajena al dramaturgo quechua para la suya. En el caso de Ollanta, su autor posee la virtud de la concisión en el tratamiento de esta escena y de su habilidad para desarrollarla.


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