Ollantay
Ollantay OLLANTA.— Tiemblo al verte aquÃ; como también al presenciar estas cenizas frÃas, cimientos, adobes, vasos y cestos. Cuantos te ven admiran todo esto. Dime, ¿para qué sirven, si todavÃa no es la fiesta? ¿Está por ventura enfermo el Inca? Tú vaticinas sólo por medio de la sangre del tunqui rojo, y está muy lejos el dÃa de sacrificar al Sol y a la Luna. Si aún comienza el mes, ¿por qué hemos de abandonar los goces?
HUILLCA-UMA.— ¿Para qué me interrogas increpándome? Todo sé; tú me lo recuerdas.
OLLANTA.— Mi cobarde corazón teme el verte en un dÃa particular, para aprovecharme de tu venida, aun cuando me costase una enfermedad.
HUILLCA-UMA.— No temas Ollanta, viéndome aquÃ, porque sin duda alguna es porque te amo. Volaré donde quieras como la paja batida por el viento. Dime los pensamientos que se anidan en tu vil corazón. Hoy mismo te ofreceré la dicha o el veneno para que escojas entre la vida o la muerte.
OLLANTA.— ExplÃcate con claridad, ya que has adivinado el secreto. Desata pronto esos hilos.