Ollantay
Ollantay Pie-Ligero: Yo mismo le hubiera dado un puntapié, si no hubiese estado armado.
Ollantay: ¿A quién?
Pie-Ligero: Al jefe Montañes, el único que vino a tu casa.
Ollantay: ¡Tal vez le haya enviado el rey! He ahí lo que nuevamente enciende mi cólera.
Pie-Ligero: No es el rey quien lo envia. El jefe Montañes viene por sí mismo; es un hombre innoble.
Ollantay: El corazón me dice que ha desaparecido del Cuzco, y el canto de ese buho me lo anuncia. Partamos inmediatamente.
Pie-Ligero: Pero ¿abandonaremos a Estrella?
Ollantay: ¿Y qué puedo hacer, si ha desaparecido? ¡Oh, Estrella! ¡Oh, amor mío!
Pie-Ligero: Escucha este yaraví que cantan cerca de aquí.
Yaraví:
En un instante he perdido a mi amada paloma.
Si quieres verla, búscala en las cercanías.
Es infiel, pero su rostro es encantador; se llama Estrella.
Resplandece de tal modo, que es imposible confundirla con ninguna otra.
La luna y el sol, llenos de júbilo, rivalizan para brillar sobre su frente, que centellea de nuevo resplandor.