Ollantay
Ollantay Su sedosa cabellera, de un negro sombrío, cae en largas trenzas sobre su cuello, haciendo resaltar su blancura.
Sus cejas embellecen su faz como dos arcoiris.
Sus ojos centellean como dos soles al despertar el alba.
Sus pestañas son flechas ardientes y mortíferas.
Más de un corazón se abre tiernamente a sus dardos.
Sus mejillas son rosas entre nieve, y su rostro, blanco y transparente alabastro.
Sus labios entreabiertos dejan ver dos hileras de perlas, y cuando se ríe, su aliento embalsama todo a su alrededor.
Su garganta es tersa como el cristal y como la nieve blanca.
Sus pechos encantadores se asemejan a las flores del algodonero, recién abiertas.
Al solo contacto de su mano tan suave, me estremezco de placer.
Sus dedos son blancos como estalactitas de hielo.