Ollantay
Ollantay Entra el Inca PACHACÚTEC con su séquito.
CCOYA.— LÃmpiate el rostro; enjúgate los ojos. Mira a tu padre que sale.
PACHACÚTEC.— ¡Cusi-Ccoyllur! ¡Fruto de mi corazón! ¡Flor de todos mis hijos! ¡Bella red de mi pecho! ¡Relicario de mi cuello! Ven, paloma a mi pecho; descansa en mis brazos. Devana en mi presencia un ovillo de oro que está adentro. En ti tengo cifrada toda mi dicha: eres mi única felicidad: eres la niña de mis ojos. Aquà tienes en tu presencia las armas del Imperio, que con una mirada dominas. ¿Quién pudiera abrir tu pecho para descubrir tus pensamientos y fijar en él tu reposo? Eres para tu padre la única esperanza de su vida. Con tu presencia mi vida entera ha de ser un gozo eterno.
CUSI-CCOYLLUR.— ¡Oh padre! Postrada a tus pies te adoro mil veces. Favoréceme para que huyan mis angustias.
PACHACÚTEC.— ¡Tú, a mis pies! ¡Tú humillada! (Me espanta decirlo). Mira que soy tu padre: yo te he criado con solÃcita ternura. ¿Por qué lloras?
CUSI-CCOYLLUR.— Ccoyllur llorará como el rocÃo que el Sol disipa con su presencia; asà también ella disipará su incauto amor.
PACHACÚTEC.— Vengo amoroso, bella escogida; siéntate sobre mis rodillas.