Ollantay
Ollantay —Capac Inca, dijo Ollantay, ya que me permites hablar, permite igualmente que te recuerde, en apoyo de mi solicitud, que la casa de Ollantay deriva su antigüedad desde el tiempo en que su padre el Sol dio posesión de estas tierras al primer Inca Manco-Cápac; pues apenas comenzó a llamar así a las diferentes tribus, los curacas de Tampu fueron los primeros que con su gente se le asociaron y le ayudaron a establecer su dominio. Todos mis ascendientes, unidos a los tuyos han sacrificado siempre sus vidas por la dilatación del Imperio, y no ha habido conquista donde no se hallan encontrado. Este es un dogma de nuestro anales y quipos conocidos de toda la nación. Bajo de estos principios y siendo tú el árbitro y legislador del Estado, en tu mano está enaltecer como quieras la casa de Ollantay y conceder a mí y a mi prosperidad la última dicha que me resta pedirte; pero, señor…
—¿Por qué no concluyes, le dijo el Inca, qué desconfías? ¿No hablas con tu rey y padre?
—Señor, es así, y esa dulce palabra que acabas de pronunciar es la misma que te pido ver realizada concediéndome la mano de tu ñusta.
Al concluir Ollanta, un murmullo de asombro y de indignación se levantó entre todos los circunstantes. El Inca con rostro displicente y airado le contestó.