Ollantay
Ollantay que ornan sus sienes cual flores,
resaltando su esplendor.
Y sus dos hermosas cejas
en su rostro inmaculado
son el Iris matizado
de la mañana al albor.
Y sus ojos son dos soles
fijos en su faz radiante;
su mirada penetrante
hace llorar y gemir.
Domina con sus pestañas;
y aunque adorada y querida,
dolor en mi pecho anida
y aniquila mi existir.
En su rostro como nieve
el Achancaray y florece,
y a la greda se parece
cuando en lo blanco se ve.
Y así como el encarnado
que en el pétalo azulino
se pusiera de un Lupino
resaltaría también.
Hay de nieve cuentecitas
sueltas en su bella boca,
que al mirarlas se sofoca
de alegría el corazón.
Con el eco de su risa