Ollantay
Ollantay OLLANTA.— ¡Capitanes! Escuchad las órdenes de Orcco-Huarancca que manda que descanséis. Conservadlas en vuestra memoria, aun cuando se cubra de luto todo Anti-Suyu. Tengo bastante coraje para hacer saber al Inca que desista este año de acometer a Anti-Suyu. Entonces su ejército ha de sucumbir durante ese tiempo; ya sea por las enfermedades, ya sea por las fatigas, ya teniendo, en fin, sus campos incendiados en una marcha tan dilatada. ¡Cuánta gente habrá de perecer! ¡Cuántos nobles encontrarán una muerte segura en una empresa tan aventurada! Asà se ha de portar Anti Suyu en presencia de su Inca. A decir no, volaré al momento para embarazar la salida. Descansad tranquilos en vuestros hogares, pues soy enemigo implacable.
TODOS.— ¡Que viva para siempre nuestro Inca! ¡Que tome la borla roja, para que le toque en suerte el hacernos felices! ¡Elevadle al trono! ¡Salve Inca! ¡Salve Inca!
ANCCO-ALLU-AUQUI.— Recibe en tus manos, Inca, la borla roja que la comarca te ofrece. ¡Cuán grande es Huilcanota! ¡Te proclama en toda su extensión! ¡Que venga ya aquel dÃa en que Ollanta sea nuestro Inca!
OLLANTA.— Orcco-Huarancca, sé noble, para que gobiernes a Anti-Suyu. Aquà tienes este yelmo y estas flechas, para que seas también valiente.
TODOS.— ¡Que viva el valeroso Orcco-Huarancca! ¡Que viva!