Ollantay
Ollantay RUMI-ÑAHUI sale victorioso, con la cabeza descubierta.
RUMI-ÑAHUI.— ¡Postrado a tus pies, poderoso Inca, te adoro mil veces! Escucha mis palabras, pues estoy bajo tu amparo.
TÚPAC-YUPANQUI.— Levántate; aquà tienes mi mano: regocÃjate porque has salido bien en tu empresa; echaste tu red y has pescado.
RUMI-ÑAHUI.— SÃ, ese traidor con sus piedras ha muerto muchos nobles y un sin número de plebeyos; mas yo Rumi he sido para él un peñasco; como Rumi he acabado con él y sus compañeros.
TÚPAC-YUPANQUI.— ¿Se ha derramado mucha sangre?
RUMI-ÑAHUI.— No noble, no en verdad; he cumplido todo como me has mandado; asà he tomado toda la nación anti prisionera; sus montañas están allanadas e incendiadas.
TÚPAC-YUPANQUI.— ¿Dónde están esos enemigos?
RUMI-ÑAHUI.— Todos aguardan en el campo perecer con terrible castigo. Cada cual se apresura en buscar la muerte; pero es menester separar a las mujeres que están embarazadas, pues ellas bastan para la propagación de la especie.