Ollantay
Ollantay TÚPAC-YUPANQUI.— ¡Todo me parece un sueño! ¡Esta felicidad hallada! ¿Esta mujer Cusi-Ccoyllur es mi hermana?… ¡Hermana mÃa! ¡Cusi-Ccoyllur, querida paloma, ven acá, abrázame y consuélame para que pueda vivir!
CUSI-CCOYLLUR.— Ya sabrás, hermano mÃo, los infinitos tormentos que padezco aquÃ, desde hace tantos años. Tú eres, pues, quien me ha de libertar de la muerte.
TÚPAC-YUPANQUI.— ¿Quién eres, mujer, que tanto te angustias? ¿Quién te ha puesto aqu� ¿Qué crimen te ha arrastrado? Muy bien hubieras podido perder el juicio. ¿Tendré corazón para presenciar sufrimientos tan inexplicables? ¡Debiera morir con esta mujer, como si fuera la madre que la dio a luz! ¡Su rostro está marchito, su hermosa boca incognoscible: se acabó para siempre su beldad!
OLLANTA.— ¡Cusi-Ccoyllur, yo te perdà primero, mas ahora vives! Y tú eres su padre que le puedes quitar la vida; mas entonces arráncala a los dos juntos: ¡no me dejes que sobreviva! ¡Mi corazón entero está llagado! ¡Cusi-Ccoyllur! ¿Dónde está tu risueño semblante? ¿Dónde tus lindos ojos? ¿Dónde tu belleza? ¿Eres acaso una hija maldita?