Ollantay
Ollantay Un cambio de cuadro (III) presenta brevemente a Cusi Coyllur y a su madre. Esta última expresa que Ollanta y la princesa ya son marido y mujer. Cusi Coyllur se siente abandonada porque Ollanta no la visita, pero se sabe que esta queja es de tipo retórico porque ella es casi inaccesible. Con buen sentido dramático de orientar los hechos hacia el futuro, el poeta quechua pone en boca de Cusi Coyllur un parlamento en que se nos muestran extraños sucesos naturales que anuncian acontecimientos funestos.
Llega el Inca (IV) a visitar a Cusi Coyllur a la que, con gran ironía dramática del poeta, como veremos cuando después la castigue, considera como las niñas de sus ojos. Cusi Coyllur se siente culpable por su conducta (en un paralelismo similar al de Ollanta con el Wilka Uma) frente a la abierta y cordial personalidad de su padre que lo ignora todo. Y aquí se produce otro primoroso toque del dramaturgo (V), que introduce una canción y proporciona algo esencial en el teatro: el espectáculo. Pero lo hace con finura y habilidad, sin detener la acción. Cuando resuena la nota lírica con el yaraví que canta un coro de vírgenes se intensifica el instante dramático, pues la canción es la proyección de los sentimientos del Inca y de todo padre que desearía hacer perdurar la pureza de su hija. La simbolización del yaraví es de tipo erótico. El piscaca, ave que representa al amante, termina finalmente destrozado.