Ollantay
Ollantay En Ollanta se cumplen, en sus tres jornadas, las condiciones de exposición, nudo y desenlace, representando una acción que fluye a través de un diálogo conciso pero poético y eficaz. Al iniciarse la obra[2] (I) se realiza el contraste de las personalidades del enamorado Ollanta y el de su realista criado. Este último, preocupado y despreocupado a la vez. Preocupado, por lo que pueda sucederle a Ollanta; despreocupado, porque no le interesan unos amores que pueden labrar su perdición. Piqui Chaqui se revela práctico respecto a los amores de Ollanta y es incapaz de comprender el deseo del amor que lo embarga. En este momento (II) del diálogo aparece la figura manificente y atemorizante del Wilka Uma, que es casi como la conciencia del actuar del propio Ollanta, quien ha llegado a la consumación carnal de sus amores. El sacerdote es un adivino que lo sabe todo (una especie de Tiresias), pero también puede aconsejar a Ollanta, en un diálogo donde se mezclan angustia y sabiduría, a enfrentarse al problema que lo agobia hablando personalmente con el Inca.