Preguntale a Alicia

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No podía dormir y me levanté de la cama para dar una vuelta en torno a la casa. La gata de Alex acababa de parir un montón de gatitos y me senté en el portal para observarlos. ¡Fue una revelación! ¡Sin drogas! Sin nada más que unos gatitos cuya piel es el compendio de todas las suavidades del mundo. Tan suave que cerrando los ojos ni siquiera estaba segura de tocarla. Tomé el más pequeño en mis manos, el gatito llamado Felicidad, y lo acerqué a mi oreja; noté el calor de su menudo cuerpo y escuché su increíble ronroneo. Luego trató de arrullarme la oreja y lo que sentí fue tan grande que pensé que iba a abrirme de par en par. Fue mejor que un «viaje», mil veces, un millón, un trillón de veces mejor. Éstas son cosas auténticas. La suavidad no era ninguna alucinación; los rumores de la noche, los coches silbando veloces, los grillos… Y allí estaba yo, de verdad, lo escuchaba y lo oía, lo veía y lo sentía y así quiero sentir siempre la vida. Y así será.

9 de Abril.

Hoy retorné al liceo e inmediatamente fui convocada al despacho del director. Me dijo que tenía informes sobre mi comportamiento, que yo era un ejemplo lamentable de muchacha norteamericana. Añadió, seguidamente, que soy egoísta, indisciplinada, inmadura y que no me toleraría ninguna de estas actitudes. Luego me facturó a clase como se arroja un desperdicio al cubo de la basura. ¡Qué bruto!


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