Preguntale a Alicia
Preguntale a Alicia De todos modos, recuerdo que el chocolate con cacahuete me trajo a la memoria el abuelo, pues siempre comía esa golosina. Y recuerdo, además, que empecé a sentirme mareada y enferma. Al darme cuenta de que alguien me había drogado traté de llamar a mamá para pedirle que viniera a buscarme a mí y al bebé. Es todo muy confuso, pues al tratar de evocar lo pasado tropiezo con luces multicolores y movedizas. Sin embargo, recuerdo haber empezado a marcar el número de teléfono de mi casa y que del uno al otro tardaba una eternidad. Creo que la línea debió de estar ocupada, y no recuerdo exactamente lo que pasó, excepto que yo gritaba y el abuelo estaba allí para ayudarme, pero su cuerpo chorreaba gusanos multicolores y brillantes que caían al suelo a su espalda. Trató de recogerme, pero sólo le quedaba esqueleto de manos y brazos. El resto de su cuerpo había sido arrasado por la gusanera voraz, movediza y afanosa, que pululaba por doquier, devorándole sin tregua. En las órbitas vacías de sus ojos se movían legiones de alimañas blancas y fofas, animales trepadores fosforescentes y entremezclados arrancaban tiras de su carne. Gusanos y parásitos comenzaron a rastrear y a trepar hacia el cuarto del bebé, y traté de matarlos a golpes con mis manos, pero se multiplicaban con una rapidez que yo no tenía al atacarlos. Entonces empezaron a trepar por mis manos, brazos, cara y cuerpo. Los tenía en la nariz, boca, garganta; asfixiándome, ahogándome. Gusanos, larvas, gorgojos, desintegrando mi carne, pegándose a ella, consumiéndome.