Robin Hood
Robin Hood Corrían los tiempos en que Inglaterra, por iniciativa de la reina Berengaria y de la reina madre, Leonor, que se habían empeñado en reunir el dinero necesario para pagar el rescate del rey Ricardo, preso por Leopoldo de Austria en el castillo de Gratz, estaba soportando pesados tributos que colmaban la larga paciencia del pueblo sajón.
El príncipe Juan, reinante a la sazón en sustitución de su hermano, hizo lo que estaba de su parte, a pesar de que, por múltiples razones, era el que menos deseaba el regreso de Ricardo Corazón de León. Sin embargo, supo ocultar sus aspiraciones y tomó activa parte, como hemos dicho, en la labor tendiente a reunir el dinero para el rescate.
Esa actitud le valió que el pueblo inglés le perdiera un poco del odio que bien justificadamente le tenía. Sobre todo el país de Midlands, donde poseía hábiles representantes de su persona y su política, se llegó a tenerles cierta simpatía o, mejor dicho, tolerancia.
Aprovechó esta situación para anunciar una visita a Nottingham, donde el sheriff organizó un torneo con juegos populares en su honor.
Roberto de Rainault era, de sus partidarios, uno de los que más ganancias había obtenido en el tiempo que llevaba su interregno. No es extraño, entonces, que quisiera agasajarlo dignamente en su visita al condado.