Robin Hood
Robin Hood —Eso es cierto, pero una niña de vuestra condición no puede andar por el mundo sin que alguien la proteja y la guíe. Ademas, recuerdo que todas vuestras riquezas se hallan en manos de Hugo, por lo que no os conviene abandonar su autoridad en forma que a él le sea violenta. En esas condiciones, ¿a dónde podréis ir si no es a Kirkless?
Mariana miró hacia abajo y se sonrojó.
—Me hallo entre hombres honestos y leales; lo he visto, a pesar de todas las historias que he oído sobre Robin Hood y su banda… Pues bien, ¿no podría quedarme aquí con vosotros?
Robin se acercó más a la niña y la miró fijamente a los ojos.
—Sería para nosotros un galardón muy grande y una dicha sin límites tener a semejante personita a nuestro lado; pero el bosque es una vida muy dura para el que no ha nacido en él y, sobre todo, para quien ha estado acostumbrado a ser mimado y a toda clase de comodidades… Pronto os cansaríais de la selva…
—Amigo Robin, he obtenido mi libertad por la acción de unos hombres buenos y tengo derecho a exigirles que me den refugio y amparo.
—¿Qué piensas tú de esto, John? ¿Podremos tener en la selva una flor tan bonita?