Robin Hood
Robin Hood —Buen gigante —interrumpió la niña dirigiéndose al «pequeño John»—, aboga por mà para que tu jefe acceda a lo que te pido. Tengo buenos conocimientos de medicina y el arte de curar las heridas; ¡sé guisar como el mejor cocinero del rey y lo haré con tanto gusto para vosotros…!
—Bien, Robin, ahà está la mujer de Scarlett que puede hacerle compañÃa, y si es cierto que sabe de medicina, que vaya viendo qué le puede suministrar a la lengua de esa señora para que no sea tan amarga. Quizá asà el bueno de Will tendrá dÃas aguantables…
—La vida de Sherwood no puede ser peor que en Evil Hold. Pensad, Robin Hood, lo que hubiese sido de mà si no me arrebatáis de las manos de Gisborne. —InsistÃa Mariana.
—Si consiento en que os quedéis y la vida os resultara peor que la que os esperarÃa en Evil Hold, ¡yo irÃa a ver al sheriff de Nottingham y le pedirÃa que me colgara!
La resistencia de Robin estaba aflojando, como iba entregándose su corazón a la dulzura y los encantos de la niña.
—Cierto es —dijo Robin reflexionando— que si volvierais a Kirkless, Hugo os entregarÃa sin remedio al lobo de Isambart.