Robin Hood

Robin Hood

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El pobre arquero estaba buscando razones para convencerse de que no cabía más que guardar a Mariana entre su gente…

—La selva es el único lugar seguro para mí —decía, terca, Mariana—. Y creo que ya nos deberíamos poner en marcha, no sea cosa que regrese Gisborne con refuerzos y os dé trabajo…

Ya decidido a tener consigo a la pupila del abad, Robin sintió que se le alivianaba el alma y experimentó una franca y contagiosa alegría.

—Si Guy y sus terribles guerreros son el único peligro, que vengan, pues nos brindan trabajo fácil. —Y dirigiéndose a la hermosa niña, «bandida» desde ese instante, le dijo con un entusiasmo que delataba un sentimiento más pujante:

—¡Seréis la reina de Sherwood, Mariana! ¿No os parece lo mismo a vosotros? ¿No sería la reina perfecta para gobernar nuestra banda?

El «pequeño» John tiró su sombrero por los aires y gritó con toda su voz:

—¡Tres hurras por la reina de Sherwood!

Los muchachos corearon los hurras con tal vigor que por poco son oídos desde la Abadía de Santa María por el propio tutor de Mariana…

Robin se acercó a Mariana y le tomó la mano.


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