Robin Hood
Robin Hood —No, prefiero que nos apresuremos a tomar posiciones en el lugar de la cita antes de que llegue la noche… ¡Vamos!

Cuando Huberto y su gente llegaron al lago, hallaron al sheriff de pésimo humor y mal talante por el dÃa perdido en infructuosa búsqueda; el cansancio y el desanimo que preveÃa en los suyos.
Unidas las dos columnas expedicionarias, acamparon para pernoctar. Después de una buena comida se echaron a descansar, con un buen número de centinelas de vista.
Descendió completamente la noche y las tinieblas se cargaron de los seculares misterios de una selva ya de suyo truculenta. Los hombres de Roberto de Rainault miraban hacia la espesura como queriendo horadar la masa negra de la noche sin un solo rayo de luna que consiguiera filtrarse entre el follaje de los árboles. En sus espÃritus simples, se sentÃan rodeados de demonios y de toda la variedad terrorÃfica de entes malignos, que la fantasÃa popular se complacÃa en pintar con los más vivos colores. Y comenzaron a contarse entre ellos las más extravagantes historias sobre las desgracias que habÃan sufrido los que se aventuraron a pasar una noche en las profundidades de la selva…
—Un viejo me contó que en el agua de esta ciénaga viene a apagar su sed un dragón.