Robin Hood
Robin Hood Huberto y sus fuerzas se acercaron al lugar a los pocos minutos. Pasaron hablando animadamente en alta voz.
—Es un crimen haber dedicado tan pocos hombres para este trabajo —decÃa uno.
—Ciertamente —asintió otro—, porque se necesitarÃa llenar el bosque con un ejército para hallar a esa gente. Además, sé que andamos descaminados; la guarida de Robin está lejos de aquÃ; es hacia el oeste, un par de millas largas más allá de la Dark Mire.
En ese instante pasaban cerca de un matorral en el que se hallaba ocultos Robin y el fraile.
—Ese hombre sabe demasiado —dijo hablando bajÃsimo el primero.
Pero el finÃsimo oÃdo de Huberto oyó la voz, y con la rapidez que es caracterÃstica de la gente que sabe mandar, ordenó:
—¡Rodeen ese montÃculo, pronto!
Pero era tarde; más veloces que sus hombres fueron las piernas de Robin y Tuck.
—Es un hombre listo ese Huberto —comentó Robin—, y si llegan a avanzar esas dos millas después de pasar la Dark Mire, tendremos que pelearlos…
—Está muy próxima la puesta del sol, de modo que no creo que eso suceda hasta mañana. Después de una buena comida se pelea mejor… —Insinuó el fraile tragón.