Robin Hood
Robin Hood Pasaron cuatro días desde aquél en que el guardián de la puerta había hallado al sheriff cuidadosamente embalado, cuando esa quinta mañana, al repetir la diaria tarea de franquear a los mercaderes el acceso a la ciudad, alcanzó a ver, apenas abrió, como a unos cincuenta metros de la puerta, un bulto en el suelo. Fue a recogerlo y vio, con el consiguiente asombro, que era el cadáver de Huberto, estrangulado con un lazo que le habían dejado al cuello y teniendo sobre el pecho un cartel que decía:
A Roberto de Rainault, sheriff del condado de Nottingham:
Vos no habéis cumplido vuestra palabra, pero yo sí la mía. Y os advierto que la flecha donde escribisteis vuestro nombre espera su oportunidad.
ROBIN HOOD.
Poco sentida fue la muerte de Huberto, pues en vida había sido un villano y la mayoría de la gente se dijo que Robin había hecho un servicio a la humanidad sacándolo de este mundo.
Y aunque el sheriff se prometió vengarlo, recordando además que había muerto por su culpa aseguró que eso no se haría llevando a la selva de Sherwood cien hombres, sino cuatrocientos.
