Robin Hood
Robin Hood Robin cuidaba que sus muchachos no estuvieran ociosos, habiéndoles organizado la vida en forma adecuada. Por lo general, en los días buenos se dedicaban a la caza y se desbandaban en busca de noticias que los condujeran a «desfacer algún entuerto»; cuando el tiempo los obligaba a permanecer en el refugio donde habían establecido su vivienda, y dentro de cuya amplitud habían construido chozas separadas para los que vivían en familia, como Scarlett, el propio Robin y muchos otros que siguieron su ejemplo, pasaban los días en partidas de armas, tiro al blanco y encuentros de palo y pugilato. Estos dos últimos eran los preferidos del «pequeño John» y el fraile Tuck, que armaban contiendas famosas. En una ocasión, estos dos bárbaros estuvieron dándose de palos durante más de una hora, quedando el combate por resolverse…

Una tarde en que se hallaban el fraile y John en aquella agradable tarea de molerse a palos, el primero suspendió de golpe el ejercicio, exclamando mientras señalaba hacia afuera:
—¡Mirad, mirad cómo viene Much, corriendo como un loco! ¿Qué le habrá pasado?
El «pequeño John» salió como alma que lleva el diablo al encuentro de Much, quien, dando muestras de una gran angustia y sofocado por la carrera, dijo: