Robin Hood
Robin Hood Y se tiró al agua. Detrás de él lo hizo el caballero Richard y después Will. También se echaron a nadar tres o cuatro de los otros prisioneros, quedando en la orilla, presas de una angustia indecible, el resto de los liberados, que no podÃan salir por ahora de las garras de Isambart debido al lastimoso estado de sus fuerzas.
—¡Pobres infelices! —decÃa Robin mirándolos con toda compasión—. Os propongo que volvamos a buscarlos, caballero.
—Ni que decir tiene; pero por ahora lleguemos nosotros con vuestro amigo y estos otros a tierra firme, antes de que noten nuestra ausencia o nos vean.
Pero lejos del castillo se hallaban ya los furtivos cuando uno los vio y dio la alarma. Inmediatamente unos cuantos hombres salieron por el puente levadizo en su persecución, pero eran pocos para hacer frente a la lluvia de flechas que cayó sobre ellos, pues se habÃan despojado de las armaduras desde el episodio de las avispas, y debieron volver al castillo «sin cobrar pieza alguna…».
Todo terminó de acuerdo con los planes de Robin.
Al hallarse entre los arqueros que habÃan sabido cubrir la retirada tan estratégicamente, el caballero, que habÃa dicho llamarse Richard at Lea, exclamó dirigiéndose a nuestro rey de Sherwood: