Robin Hood
Robin Hood En el manojo de llaves que se habÃa incautado Robin, estaba también la de esa poterna, a través de cuya cerradura se veÃa la luz del dÃa. La puerta se abrió y de nuevo volvió a ser de dÃa para ellos. Hallábanse en lo alto de un terreno en pendiente que terminaba en el foso, teniendo detrás de ellos las paredes del castillo. Alcanzaron a ver, allá afuera, a la distancia, un grupo de los de Robin, entre los que estaba el «pequeño John», que ondeaba un trapo para que notaran su presencia.
—Bueno, ahora deberemos atravesar el foso a nado. Déjame que te ayude, Will.
El individuo alto y de buenas maneras se adelantó hacia Robin y le dijo:
—Estimado señor, ¿permitÃs que nade yo del otro lado para llevarlo entre los dos?
—Con mucho gusto y os lo agradezco; pero ¿quién sois vos, que habláis como un caballero normando y estabais prisionero de otro normando, aunque no caballero?
—Mi nombre es Richard at Lea —dijo el caballero.
—¡Dios se apiade de nosotros! —exclamó Robin—. Pero crucemos el foso y luego hablaremos…