Robin Hood
Robin Hood —Varias causas muy poderosas —contestó Robin— y si queréis comer con nosotros os diré algunas de ellas; asà podréis valorar la razón que tenemos para atacar a la fiera que allà mora. Entonces decidiréis vuestra conducta.
El Caballero Negro desmontó. Era un hombre alto y de hermosa planta. Demostraba ser ágil y fuerte. Su simpática figura hizo que conquistara las primeras impresiones de nuestros amigos.
—Comeré con vosotros —dijo— y oiré lo que queráis decirme sobre las razones que os impulsan a pretender el asalto de ese castillo, que, para mi entender, es un hueso demasiado duro de pelar para sólo cien hombres.
Ignoraba el caballero que un hombre solo habÃa producido una revolución en ese mismo castillo hacÃa no mucho tiempo.
Eligió Robin un sitio desde el cual no podÃan ser vistos desde Evil Hold y todos descendieron de sus cabalgaduras. Se sentaron a conversar, y Robin puso al Caballero Negro al corriente de las maquinaciones urdidas por el padre Hugo de Rainault e Isambart de Bellame contra sin Richard at Lea y su hija. Terminado el relato, que el caballero escuchó con asombrada atención, se dispusieron a comer algunas viandas que el fraile Tuck habÃa improvisado en el momento de la partida.