Robin Hood
Robin Hood Fácil le resultó establecer que era gente de Gisborne. Desvió entonces su camino y se fue derecho al viejo escondite de la banda, que permanecÃa aún en secreto para todo el que no formara parte de ella…
—Robin —dijo—. ¡Somos hombres muertos!
—No prosigas —le interrumpió Robin—, porque hay un proverbio que dice que los muertos no cuentan historias y tú me traes algo…
—¡Robin, el sheriff de Nottingham nos ha declarado nuevamente bandidos; lo oà esta mañana en la ciudad!
—¡Bah Ya lo hizo una ve: y todavÃa vivimos…! —dijo Robin con calma.
—¡Es que ya han sitiado la granja para ver si cae alguno de nosotros…!
—¡Buenas noticias!
—Robin —dijo el «pequeño John», ¿eso no te alarma?
—SÃ, me alarma; pero antes de salir al encuentro de Gisborne, comeremos y descansaremos un poco…
Mariana se acercó al grupo en ese momento y Robin la tomó en sus brazos cariñosamente.
—Querida niña —le dijo—, de nuevo somos una banda de proscritos; la omnÃmoda voluntad de los pillos ha decidido que somos otra vez unos bandidos… ¿Quieres que te mande al castillo de Lea, donde te hallarás más segura, al amparo de tu padre?