Robin Hood
Robin Hood Mientras las autoridades de Nottingham, las de la iglesia oficial y los barones que tenían sus feudos en el condado y en los inmediatos celebraban reuniones y conferencias para establecer un plan conjunto contra Robin, plan que los intereses encontrados hacían de dificultosa preparación, la calma reinaba en la selva de Sherwood.
Como cada uno de aquellos señores estaba queriendo obtener mejor ventaja de su contribución en hombres y armas para la pérdida de nuestro héroe, las discusiones se hacían largas e inútiles y Robin, con los suyos, vivía en paz.
En más de una ocasión, el nuevo sheriff, Simón de Granmere, había enviado expediciones a la selva, pero éstas no habían obtenido más provecho que deber soportar la burla, siempre renovada en sus métodos, de que la banda había hecho víctima a los «expedicionarios» de Gisborne, de Bellame y del sheriff cada vez que se habían presentado en los dominios de Robin. Llegó un momento en que era difícil hallar gente que quisiera cooperar en la caza, si la paga no era lo suficientemente substanciosa como para pasar un susto…