Robin Hood
Robin Hood —Veo que eres un luchador leal y de los que y mà me gustan. Aquà en mi sitio dejo mi arco, y tú espérame —alardeó Robin, poniendo su arco y las flechas en el suelo justamente en el lugar que antes ocupaban sus pies como queriendo significar que quedaba ahà su propia persona.
Y con toda calma se dirigió hacia uno de los corpulentos árboles que poblaban el bosque, mientras el gigante se sentaba sobre el tronco que servÃa de puente, con un gesto tranquilo, que auguraba mal para la suerte de nuestro amigo.
Éste halló pronto una gruesa rama, que con su cuchillo de monte libró de hojas y brotes, obteniendo un garrote tan duro y eficaz como el de su rival. Con él regresó al puente y con más valentÃa que capacidad frente a un enemigo tan fuerte, se dispuso a la lucha.
Con movimientos lentos al principio, tratando cada uno de conocer a su adversario, comenzó la pelea que prometÃa ser brutal y encarnizada.