Robin Hood
Robin Hood Al tiempo que el hombretón decÃa ésto, sacudÃa enérgicamente su garrote, haciendo terribles molinetes, movimientos que aprovechó nuestro héroe para armar su peligroso arco. Apercibido el gigante, le advirtió:
—¡Atrévete a estirar la cuerda y con un solo garrotazo serás hombre muerto!
—¡Tonto! —le respondió Robin—. ¡Mi flecha te atravesará el corazón antes de que tu palo llegue a tocarme!
En un gesto de gallardÃa inesperada en un hombre del aspecto del enemigo que Robin se acababa de echar, arrojó éste su garrote al suelo y, mirando fijamente a nuestro amigo, le dijo:
—Ahora hay un cobarde que me está mirando desarmado. Si yo tuviese un arco y una flecha, podrÃa enseñarte cómo se mata a un hombre.
—Y si yo tuviera un garrote como el que acabas de tirar, yo te enseñarÃa muchas más cosas que las que puedas tú enseñarme en el tiro de arco —le contestó Robin en el mismo tono insolente que habÃa usado el otro.
—Bueno —dijo el gigante—, igualemos fuerzas, y como no podemos improvisar un arco y una flecha, ve y corta un palo como el mÃo, que en el bosque hay muchos. Yo te esperaré aquà y pelearemos sobre el puente. El que antes arroje al otro en el rÃo, tendrá derecho a pasar primero…