Robin Hood
Robin Hood —Es tan amable uno como otro. En casa de Mansfield se dice que un tipo llamado Robin le dio en dÃas pasados, una paliza al tal Gisborne y lo mandó a su casa atado sobre el caballo y montado mirando para atrás, y que luego escapó a la selva sin que lo hayan atrapado todavÃa.
—¿Ellos dicen eso? —preguntó Robin, sonriendo, pleno de satisfacción.
—SÃ, lo cuentan a cada rato. Además, cuentan que el mismo Robin despojó, después de lo de Gisborne, al opulento prior de la AbadÃa de Newrak de todo lo que llevaba, en el camino de Nottingham. Es un hombre hecho y derecho el tal Robin. De buena gana me unirÃa con él, pidiéndole que me contara entre los suyos; porque mira arquero, un hombre solo por mucho que sea fuerte y buen peleador, poco tiene que hacer en estas selvas. El dÃa que lo encuentren los esbirros de alguno de esos señores ladrones, está perdido.
—Ni una palabra más. Pon tu mano en la mÃa, estréchala fuerte y considérate desde este momento en la banda de Robin Hood. ¡Éste soy yo!
John no salÃa de su asombro.
—¿Tú —decÃa—, tú eres Robin Hood?