Robin Hood
Robin Hood —SÃ, hombre, sÃ. Dame la mano, no titubees y vente a mi «fortaleza», donde todavÃa habrá un barril del buen vino del prior de Newark que beberemos con mi gente; esos bravos muchachos que pronto serán tus mejores amigos. Creo que uno de ellos, Will Scarlett mi primer hombre, cazó ayer un jabalà de deliciosa carne de la que un buen trozo no te vendrá mal.
—Eso me decide a ser de los tuyos. Buen vino y comida hacen de mà un hombre de lo mejor.
—Falta nos hará si es cierto, como he averiguado, que Gisborne ha salido a recorrer la selva en nuestra busca. Y ahora, pongámonos en marcha, pequeño John de Mansfield, pues son muchas las millas que deberemos recorrer hasta llegar al sitio en que se oculta mi banda. Cuando estemos allá, estoy seguro que al verte tan grande mis amigos te llamarán el «pequeño John», y te darán de comer por tres…
Llegados al refugio de su banda, Robin contó sin omitir detalle, su pelea con el nuevo amigo, y cómo fue vencido por éste y sacado del rÃo con ésa bonhomÃa que le era caracterÃstica y que le granjeaba el cariño de todos los humildes.