Sir Gawain y el caballero verde
Sir Gawain y el caballero verde Espoleó a su corcel y emprendió veloz su camino, tan fieramente que las piedras despedían chispas a su paso. Todos los que le veían suspiraban con tristeza, y decían afligidos por tan buen caballero:
—¡Por Cristo, que es mala fortuna, señor, que vayáis a vuestra perdición, gozando de vida tan noble!
—¡No es fácil, no, encontrar entre los hombres a otro que le iguale! Más prudente habría sido obrar con cordura, y haber nombrado a tan caro señor duque de este reino; podía haber llegado a ser un brillante capitán de los caballeros; y habría tenido un destino más feliz que el que ahora le aguarda: morir decapitado por un ser infernal a causa de una vana arrogancia. ¿Quién recuerda que un rey haya prestado jamás oídos a un engaño así en su corte, durante los juegos de Navidad?
Muchas fueron las lágrimas que derramaron los ojos aquel día, viendo salir del castillo a tan apuesto señor. Y sin demorarse, emprendió él su marcha por caminos extraños y tortuosos, según cuentan las historias.