Sir Gawain y el caballero verde
Sir Gawain y el caballero verde Primero, no se le encontraba tacha en sus cinco sentidos; después, jamás falló en sus cinco dedos, y toda su fe tenía puesta en las cinco llagas que Cristo había recibido en la Cruz, como el credo nos enseña. Y cada vez que tomaba parte en alguna batalla, tenía puesto el pensamiento en esto más que en ninguna otra cosa, y todo su valor dependía de los Cinco Gozos puros que la Santa Reina del Cielo recibiera de su hijo. Por ello, el cortés caballero llevaba la imagen de la reina pintada en la cara interior del escudo, a fin de que, viéndola, no desfalleciese su corazón. Las cinco quintas virtudes que este famoso hombre practicaba eran la liberalidad y la bondad, luego la castidad y cortesía, que nunca se corrompieron en él; y como virtud más destacada, la piedad. Estas cinco perfecciones estaban más hondamente arraigadas en él que en hombre alguno. Y tenía, en verdad, la serie de cinco muy trabadas y unidas entre sí, sin interrupción alguna, y fijas en cinco puntos que jamás fallaban, de modo que ni se agrupaban todas a un lado, ni se separaban, ni había extremo alguno, según he podido ver, donde el dibujo empezara o terminara. Así, sobre su espléndido escudo, llevaba magníficamente trazado dicho nudo en oro rojo sobre gules. Tal es el puro pentáculo, como los sabios enseñan. Ahora Gawain estaba preparado: cogió su lanza al fin, y se despidió de todos, convencido de que era para siempre.