Sir Gawain y el caballero verde
Sir Gawain y el caballero verde Por la mañana, cuando los hombres conmemoran la hora en que, para morir por nosotros, nació Nuestro Señor, la alegría por Él despierta en todos los hogares del mundo. Y así aconteció allí en aquel día de fiesta: y tanto en las comidas sencillas como en las solemnes, los criados, exquisitamente vestidos, sirvieron raros y delicados manjares. La dama vieja ocupó el sitio de honor en la mesa, y a su lado se sentó cortésmente el señor del castillo, según creo. Gawain y la alegre dama se pusieron juntos en el centro de la mesa, donde primero fue traída la comida; y de allí, de acuerdo con sus méritos y distinciones, fueron cumplidamente servidos todos los caballeros que había en la sala. Y hubo comida en abundancia, y mucho contento y alegría; a tal punto, que sería tedioso demorarme aquí en los detalles. Pero sé que Gawain y la hermosa dama gozaron en discreta compañía, entregados a dulces y limpias confidencias, con cuyas delicias ninguna principesca diversión se puede comparar. Tocaron trompas y tambores, y ejecutaron las flautas muchos aires; cada uno procuró su propio gozo, mientras ellos dos se abandonaban a aquel que compartían.