Sir Gawain y el caballero verde
Sir Gawain y el caballero verde —Pues bien, habéis venido de muy lejos, y os he tenido en vela mucho tiempo; aún no os habéis repuesto del todo; y lo cierto es que necesitáis descanso y alimento. Os quedaréis arriba en vuestro aposento, a vuestra entera comodidad, hasta el momento de la misa de mañana; luego comeréis a la hora que más os plazca, con mi esposa, a fin de que su compañÃa os alegre, hasta mi regreso. Quedaos; yo me levantaré temprano, pues quiero salir a cazar.
Gawain asintió con una inclinación de cabeza, como cortés caballero que era.
45.—Sin embargo —dijo el señor—, acordaremos una cosa más: aquello que yo consiga en el bosque será para vos; a cambio, me daréis lo que vos obtengáis aquÃ. Juremos hacerlo asÃ, mi buen amigo, sea la suerte flaca para el uno, y mejor para el otro.
—¡Por Dios —exclamó el buen Gawain— que accedo en todo, y me agrada el juego que proponéis!
—¡Hecho, pues! ¡Asà será el trato! ¿Quién nos trae de beber? —dijo el señor de aquella tierra.
Y todos rieron. Y bebieron, bromearon y disfrutaron cuanto quisieron, dichos señores y las damas. Luego, siguiendo la costumbre de Francia, y con muy corteses y refinadas palabras, se levantaron hablando en voz baja, y se despidieron con un beso.