Textos hermeticos
Textos hermeticos 12Es necesario entonces elevar la alabanza, desde miríadas de bocas y de voces, a este Dios completamente puro, al padre de nuestras almas, aunque nuestro decir no sea acorde en dignidad al no poder emularlo nuestras palabras, pues los recién nacidos no tienen posibilidad de cantar dignamente a su padre aunque reciban de todos modos su indulgencia si, en la medida de sus posibilidades, lo hacen con dignidad. Porque incluso esto revierte en gloria para Dios: que él mismo quede como superior a sus propias criaturas y que el preludio, el principio, el medio y el fin de nuestras alabanzas sea reconocer la infinita potencia y el límite infinito de nuestro padre.
13[Lo mismo cabe decir respecto a un rey.]
Así a los hombres, como vástagos de Dios, nos corresponde por naturaleza alabarle solicitándole indulgencia, aunque, a menudo, la recibamos del padre antes de la súplica. Pues si un padre no desatiende nunca a su hijo recién nacido, compadecido de su impotencia y enternecido porque lo reconoce, lo mismo ocurre con el conocimiento del todo, que nos provee a todos de la vida y la alabanza a Dios, que él mismo nos proporcionó […]