Textos hermeticos
Textos hermeticos 1Ha sido Dios, Asclepio, el mismo Dios, quien te ha guiado hasta nosotros para que participes en esta conversación divina; una conversación que, de todas las tenidas hasta ahora por nosotros o, mejor, que nos inspira la providencia divina, parecerá con toda justicia la más divina por su fervor religioso. Pero sólo mostrándote capaz de comprenderla podrá tu mente verse henchida con todas las cosas buenas, dado el caso de que existan muchos bienes y no uno solo que los comprenda a todos, porque parece evidente que ‘uno’ y ‘todo’ se corresponden recíprocamente, que todo es uno y que uno es todo[1], tan entrelazados que es imposible aislar uno de otro. Pero todo esto lo conocerás en seguida a través de mi discurso si te aplicas a él con diligencia. Pero ahora, Asclepio, ves en un momento a llamar a Tat para que se reúna con nosotros.
