Textos hermeticos
Textos hermeticos Una vez llegó Tat, Asclepio propuso que también estuviera presente Amón, a lo que contestó Trimegisto: «No es por menosprecio que no hemos convocado a Amón, y te recuerdo que lo mismo que a mi muy amado y carísimo hijo Tat, también a él le he dedicado un gran número de escritos sobre la naturaleza y muchos de los exteriores[2]; por eso voy a titular con tu nombre este tratado; pero no llames a ningún otro además de a Amón, no sea que esta pidadosísima conversación sobre tan importante tema se vea mancillada por el entremetimiento y la presencia de mucha gente, con el peligro añadido de que alguna mente impía divulgue entre la multitud un tratado lleno de principio a fin con toda la majestad divina».
Entró también Amón en el santuario y quedó perfectamente lleno el santo lugar con la piedad de los cuatro hombres y la presencia inspiradora de Dios y entonces, mientras guardaban todos un respetuoso silencio, pendientes en alma y corazón de los labios de Hermes, comenzó a hablar el divino Cupido[3]: