Textos hermeticos
Textos hermeticos 28Escucha, Asclepio. Una vez que el alma se ha separado del cuerpo, ha de someterse a juicio y examen de su mérito bajo la potestad del Demonio supremo; si, tras considerarla atentamente, éste descubre un alma piadosa y justa, entonces le permite permanecer en los lugares que le corresponden; pero si la descubre sucia por las faltas y manchada por los vicios, la precipita de arriba abajo[72], entregándola a las tormentas y torbellinos en el lugar donde se produce con frecuencia la discordia entre aire, fuego y agua, con el fin de que, entre cielo y tierra, se vea por siempre sacudida y zarandeada de un lado a otro por las turbulencias de la materia, y éste es su castigo eterno[73]; y en ello le perjudica su propia inmortalidad, pues se ve sometida, por una sentencia inmortal, a un suplicio sin fin. Date cuenta de que es el poder vernos implicados en algo semejante lo que ha de darnos miedo de verdad, lo que ha de angustiamos y lo que ha de ponernos en guardia, porque los incrédulos, tras sus delitos, se verán forzados a creer, pero no con palabras sino con hechos, no con amenazas sino con el mismo sufrimiento de las penas.
—Pero Trimegisto, ¿no es la ley humana la que castiga los delitos de los hombres?